Mostrando entradas con la etiqueta Mitología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mitología. Mostrar todas las entradas
2/01/2012

PostHeaderIcon Descenso De Ishtar Al Mundo Inferior

En Sumeria y más tarde en Babilonia es conocida bajo el nombre de Inanna, Anahit en Armenia, Astarté en Canaán, y por último Fenicia en las religiones abrahámicas. Tambiém podría ser considerada semejante o igual a la Afrodita griega y la Isis egipcia

Ishtar o Inanna representa el arquetipo de la Diosa madre, Reina del Cielo y Señora de la Tierra.


Éste es su descenso al reino de los muertos y su retorno a la tierra de los vivos.

(Anverso) A la Tierra sin Regreso, el reino de [Ereshkigal],

Ishtar, hija de Sin , [dirigió] su espíritu.

Sí, la hija de Sin dirigió [su] espíritu

A la casa sombría, morada de Irkal[la][1],

A la casa de la que no sale quien entra,

Al camino que carece de retorno

A la casa en que los que entran están sin l[uz],

Donde el polvo es su vianda y arcilla su comida,

(Donde) no ven luz, residiendo en tinieblas,

(Donde) están vestidos como aves, con alas

por vestido. (10)

(Y donde) sobre la puerta y cerrojo se esparce el polvo.

Cuando Ishtar llegó a la puerta de la Tierra sin

Regreso,

Dijo (estas) palabras al portero:

[ ¡ Oh portero abre tu puerta!

¡Abre tu puerta para que pueda entrar!

Derribaré la puerta, destrozaré el cerrojo,

Quebrantaré las jambas, moveré los batientes,

Levantaré los muertos, comiendo a los vivos,

Hasta que los muertos superen a los vivos]. (20)

El portero abrió la boca para hablar,

Diciendo a la loada Ishtar:

[¡Detente, mi señora, no la derribes![2]

Anunciaré tu nombre a la Reina E[reshk]igal].

El portero entró, diciendo [a] Eres[kigal]:

[He aquí, tu hermana Ishtar espera en [la puerta],

la que celebra los grandes festivales,

que agita lo profundo ante Ea, el r[ey]].

Cuando Ereshkigal oyó esto,

Su cara palideció como un tamarindo talado,

En tanto que sus labios se oscurecían como una

caña kuninu aplastada.[3] (30)

[Qué guió su corazón hasta mí? ¿Qué impelió su

espíritu hasta aquí?

¿Tendré que beber agua con los Anunnaki?

¿Habré de comer arcilla por pan, beber agua cena-

gosa por cerveza?

¿Habré de llorar a los hombres que dejan sus mujeres

detrás?

¿Habré de llorar a las muchachas que fueron arran-

cadas del regazo de sus amantes?

¿ (O) habré de llorar al tierno pequeñuelo que fue

enviado antes de su tiempo?[4]

Anda, portero, ábrele la puerta,

Trátala de acuerdo con las antiguas reglas].

Fue el portero (a) abrirle la puerta:

[Entra, señora mía, que Kutah[5] se pueda alborozar

por ti, (40)

Que el palacio de la Tierra sin Regreso se alegre

De tu presencia].

Cuando la primera puerta le hizo cruzar,

Arrebató y quitó la gran corona de su cabeza.

[ Por qué, oh, portero, quitaste la gran corona de

mi cabeza?]

[Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del

Mundo Inferior].

Cuando la segunda puerta le hizo cruzar,

Arrebató y quitó los pendientes de sus orejas.

[ Por qué, oh, portero, quitaste los pendientes de

mis orejas?]

[Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del

Mundo Inferior].

Cuando la tercera puerta le hizo cruzar,

Arrebató y quitó las cadenas de su cuello.

[ Por qué, oh, portero, quitaste las cadenas de

mi cuello?]

[Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del

Mundo Inferior]. (50)

Cuando la cuarta puerta le hizo cruzar,

Arrebató y quitó los adornos de su pecho.

[ Por qué, oh, portero, quitaste los adornos de

mi pecho?]

[Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del

Mundo Inferior].

Cuando la quinta puerta le hizo cruzar,

Arrebató y quitó el ceñidor de piedras de alum-

bramiento de sus caderas.

[ Por qué, oh, portero, quitaste el ceñidor de piedras

de alumbramiento de mis caderas?]

[Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del

Mundo Inferior].

Cuando la sexta puerta le hizo cruzar,

Arrebató y quitó las abrazaderas de sus manos y

pies.

[ Por qué, oh, portero, quitaste las abrazaderas de

mis manos y pies?]

[Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del

Mundo Inferior].

Cuando la séptima puerta le hizo cruzar, (60)

Arrebató y quitó el calzón de su cuerpo.

[ Por qué, oh, portero, quitaste el calzón de

mi cuerpo?]

[Pasa, señora mía, así son las reglas de la Dueña del

Mundo Inferior].

Así que Ishtar hubo descendido a la Tierra sin Re-

greso,

éreshkigal la vio y saltó violentamente a su presencia.

Ishtar, sin retroceder, voló hacia ella.

Ereshkigal abrió la boca para hablar,

Diciendo (estas) palabras a Namtar, su visir:

[¡Ve, Namtar; encierra[la] [en] mi [palacio]!

Suelta contra ella, [contra] Ishtar, las sesenta

[miserias]:

Miseria de los ojos [contra] sus [ojos], (70)

Miseria de los costados [contra] sus [costados],

Miseria del corazón con[tra su corazón],

Miseria de los pies con[tra] sus [pies],

Miseria de la cabeza con[tra su cabeza]-

¡Contra cada parte de ella, contra [todo su cuerpo]!

Después de que la Señora Ishtar [hubo descendido al

Mundo Inferior],

El toro no cubre a la vaca, [el asno no monta a la

burra],

En la calle [el hombre no fecunda] a la doncella.

El hombre yace [ en su cámara la doncella yace

Sobre su costado],

[... y]ace [...]. (80)





(Reverso)



La apariencia de Papsukkal, visir de los grandes

dioses,

Era decaída, su cara estaba [nublada].

Vestía de luto, largo cabello llevaba.

Avanzó Papsukkal, ante Sin, su padre, llorando,

Deslizándose [sus] lágrimas delante de Ea, el rey:

[Ishtar bajó al Mundo Inferior; no ha subido.

Desde que Ishtar bajó a la Tierra sin Regreso,

El toro no cubre a la vaca, el asno no monta a la

burra,

En la calle el hombre no fecunda a la doncella,

El hombre yace en su cámara,

La doncella yace sobre su costado]. (10)

Ea en su sabio corazón concibió una imagen,

Y creó a Asushunamir, un eunuco:

[Presto, Asushunamir, dirige tu rostro a la puerta

de la Tierra sin Regreso;

Las siete puertas de la Tierra sin Regreso se abri-

rán para ti.

Ereshkigal te verá y se alborozará de tu presencia.

Cuando su corazón se aquieta su talante es alegre;

Que pronuncie el juramento de los grandes dioses.

(Después) levanta tu cabeza, atendiendo a la bolsa

de agua de vida:

[Te ruego, Señora; permite que me den la bolsa de

agua de vida,

Para que su agua pueda yo beber[6]].

En cuanto Ereshkigal oyó aquello

Se golpeó el muslo[7], se mordió el dedo :

[Me pediste algo que no debe demandarse.

¡Ven, Asushunamir, te maldeciré con una maldición

poderosa![8]

La comida de los albañales de la ciudad será tu

comida,

Los desaguaderos de la ciudad serán tu bebida.

La sombra de la pared será tu paradero,

El umbral será tu habitación,

¡Los fatuos y los sedientos abofetearán tu mejilla!]

Ereshkigal abrió la boca para hablar,

Diciendo (estas) palabras a namtar, su visir: (30)

[Vamos, Namtar, llama a Egalgina[9]

Adorna los umbrales con piedra de coral,

Entra a los Anunnaki y sienta(los) en tronos de oro,

¡Salpica a Ishtar con el agua de vida y llévatela de

mi presencia!]

Se fue Namtar, llamó Egalgina,

Adornó los umbrales con piedra de coral,

Hizo sentar a los Anunnaki, sentó(los) en tronos

de oro. Roció a Ishtar con el agua de la vida y se la llevó de su

presencia.

Cuando la primera puerta le hubo hecho cruzar,

Le devolvió el calzón de su cuerpo.

Cuando la segunda puerta le hubo hecho cruzar, (40)

Le devolvió las abrazaderas de sus manos y pies.

Cuando la tercera puerta le hubo hecho cruzar,

Le devolvió el ceñidor de piedras de alumbra-

miento de sus caderas,

Cuando la cuarta puerta le hubo hecho cruzar,

Le devolvió los adornos de su pecho.

Cuando la quinta puerta le hubo hecho cruzar,

Le devolvió las cadenas de su cuello.

Cuando la sexta puerta le hubo hecho cruzar,

Le devolvió los pendientes de sus orejas.

Cuando la séptima puerta le hubo hecho cruzar,

Le devolvió la gran corona de su cabeza.

[Si no te paga el precio del rescate, hazla volver[10].

En cuanto a Tammuz, el amante de su juventud,

Lávale con agua pura, úngele con aceite suave;

Vístele con una prenda roja, deja que taña una flauta

de lapislázuli.

Que las cortesanas giren [ a su] melodía].

[Cuando] Belili estaba ensar[tando] sus alhajas,

[y su] seno estaba lleno de [piedras de ojo],

Al oír el sonido de su hermano, Belili metió las

joyas en [...]

De modo que las [piedras de ojo] llenaron el [...]...

[Mi único hermano, ¡no me aportes mal ¡

El día en que Tammuz suba a mí

Cuando con la flauta de lapislázuli (y) el anillo

de cornerina suba a mí,

Cuando con él los plañideros y las plañideras suban

a mí,

Levántense los muertos y huelan el incienso.









NOTAS:

[1] Ereshkigal, reina del mundo inferior.

[2] La puerta.

[3] Juego de palabras: shabat [aplastada]; shapat-sh[a] [los labios de ella].

[4] Ereshkigal tendria motivos para llorar si todos los ocupantes mencionados del mundo inferior fuesen liberados por Ishtar.

[5] Nombre del mundo inferior, el topónimo acádico de Kutí».

[6] El proyecto tiene al parecer éxito porque Ereshkigal, trastornada por la belleza de asushunamir, [Su Aspecto es Brillante], no se recobra hasta que es demasiado tarde.

[7] Gesto de enojo o burla.

[8] O léase: [Decretaré para ti un hado que no se olvidará, Un hado para ti, Que no se olvidará en la eternidad]

[9] Palacio de justicia.

[10] Esta continuación de las instrucciones de Ereshkigal parece estar desplazada en este pasaje, en lo que atañe a la versión N. Habla del rescate antes de que Ishtar sea sacada. La mención de Tammuz en este contexto es asimismo sorprendente. No hay indicación en la versión sumeria- en contra de los que se había supuesto- de que Tammuz haya descendido al mundo inferior. Por consiguiente, la parte final del mito seguirá oscura mientras no se encuentre material que la complete.


~~CRÉDITOS:~~

PRITCHARD, J. B. : La Sabiduría del Antiguo Oriente, traducción de J.A. G.-Larraya, ed. Garriga, 1966 pp. 94-100

* Original:, The Ancient Near East, edición de Princenton University Press, 1955. Las traducciones pertenecen a diversos autores; esta en concreto a E.A. Speiser. La introducción y las notas a pie de página son las que se encuentran en la obra.

Para la versión castellana, de Larraya, la [sh] inglesa debería cambiarse por una [ s ] con una [ ^] invertida encima




10/11/2010

PostHeaderIcon Aristófanes, El mito del Andrógino

 
En primer lugar, tres eran los sexos de los hombres, no dos como ahora, masculino y femenino, sino que había además un tercero que era común a esos dos, del cual perdura aún el nombre, aunque él mismo haya desaparecido. El andrógino(hombre-mujer), en efecto, era entonces una sola cosa en cuanto a figura y nombre, que participaba de uno y otro sexo, masculino y femenino, mientras que ahora no es sino un nombre que yace en la ignominia. En segundo lugar, la figura de cada individuo era por completo esférica, con la espalda y los costados en forma de círculo; tenía cuatro brazos e igual número de piernas que de brazos, y dos rostros sobre un cuello circular, iguales en todo; y una cabeza, una sola, sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, y también cuatro orejas, dos órganos sexuales y todo lo demás según puede uno imaginarse de acuerdo con lo descrito hasta aquí. Caminaba además erecto, como ahora, en cualquiera de las dos direcciones que quisiera; mas cada vez que se lanzaba a correr rápidamente, del mismo modo que ahora los saltimbanquis dan volteretas haciendo girar sus piernas hasta alcanzar la posición vertical, avanzaba rápidamente dando vueltas, apoyándose en los ocho miembros que tenía entonces.

Eran tres los sexos y de tales características por la siguiente razón: lo masculino era en un principio descendiente del sol, lo femenino de la tierra, y lo que participaba de ambos de la luna porque también la luna participa de lo uno y de lo otro. Y precisamente eran circulares ellos mismos y su manera de avanzar por ser semejantes a sus progenitores. Eran, pues, terribles por su fuerza y su vigor y tenían gran arrogancia, hasta el punto de que atentaron contra los dioses. Y lo que dice Homero de Oto y Esfialtes; se dice también de ellos, que intentaron ascender al cielo para atacar a los dioses. Entonces Zeus y los demás dioses deliberaron lo que debían hacer con ellos, y se encontraban ante un dilema, ya que ni podían matarlos ni hacer desaparecer su raza, fulminándolos con el rayo como a los gigantes –porque entonces desaparecerían los honores y sacrificios que los hombres les tributaban-, ni permitir que siguieran siendo altaneros. Tras mucho pensarlo, al fin Zeus tuvo una idea y dijo: "Me parece que tengo una estratagema para que continúe habiendo hombres y dejen de ser insolentes, al hacerse más débiles. Ahora mismo, en efecto -continuó-, voy a cortarlos en dos a cada uno, y así serán al mismo tiempo más débiles y más útiles para nosotros, al haber aumentado su número. Caminarán erectos sobre dos piernas; pero si todavía nos parece que son altaneros y que no están dispuestos a mantenerse tranquilos, de nuevo otra vez -dijo- los cortaré en dos, de suerte que avanzarán sobre una sola pierna saltando a la pata coja". Dicho esto, fue cortando a los hombres en dos, como los que cortan las yerbas y las ponen a secar o como los que cortan los huevos con crines. Y a todo aquél al que iba cortando, ordenaba a Apolo que le diera la vuelta al rostro y a la mitad del cuello en el sentido del corte, para que, al contemplar su seccionamiento, el hombre fuera más moderado, y le ordenaba también curarle lo demás. Apolo le iba dando la vuelta al rostro y, recogiendo la piel que sobraba de todas partes en lo que ahora llamamos vientre, como ocurre con las bolsas cerradas con cordel, la ataba haciendo un solo agujero en mitad del vientre, precisamente lo que llaman ombligo. En cuanto al resto de las arrugas, la mayoría las alisó, y conformó el pecho sirviéndose de un instrumento semejante al que emplean los zapateros para alisar sobre la horma las arrugas de los cueros. Mas dejó unas pocas, las que se encuentran alrededor del vientre mismo y del ombligo, para que fueran recordatorio de lo que antaño sucedió. Así pues, una vez que la naturaleza de este ser quedó cortada en dos, cada parte echaba de menos a su mitad, y se reunía con ella, se rodeaban con sus brazos, se abrazaban la una a la otra, anhelando ser una sola naturaleza, y morían por hambre y por su absoluta inactividad, al no querer hacer nada los unos separados de los otros. Y cada vez que moría una de las mitades y sobrevivía la otra, la que sobrevivía buscaba otra y se abrazaba a ella, ya se tropezara con la mitad de una mujer entera -lo que precisamente llamamos ahora mujer-, ya con la mitad de un hombre; y de esta manera perecían. Mas se compadeció Zeus y se ingenió otro recurso: trasladó sus órganos genitales a la parte delantera (porque hasta entonces los tenían también por fuera, y engendraban y parían no los unos en los otros, sino en la tierra, como las cigarras).Los trasladó, pues, de esta manera a su parte delantera e hizo que por medio de ellos tuviera lugar la concepción en ellos mismos, a través de lo masculino en lo femenino, a fin de que, si en el abrazo se encontraba hombre con mujer, engendraran y siguiera existiendo la especie, mientras que si se encontraba hombre con hombre, hubiera al menos plenitud del contacto, descansaran, prestaran atención a sus labores y se ocuparan de las demás cosas de la vida. Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de unos a otros innato en los hombres y aglutinador de la antigua naturaleza, y trata de hacer un solo individuo de dos y de curar la naturaleza humana. Cada uno de nosotros es, por tanto, una contraseña de hombre, al haber quedado seccionados, como los lenguados, en dos de uno que éramos. Por eso busca continuamente cada uno su propia contraseña. En consecuencia, cuantos hombres son sección del ser común que en aquel tiempo se llamaba andrógino, son aficionados a las mujeres, y la mayoría de los adúlteros proceden de este sexo; y, a su vez, cuantas mujeres son aficionadas a los hombres y adúlteras proceden también de este sexo. Pero cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que se interesan más bien por las mujeres, y las lesbianas proceden de este sexo. En cambio, cuantos son sección de varón, persiguen a los varones, y, mientras son niños, como son rodajitas de varón, aman a los hombres y disfrutan estando acostados y abrazados con los hombres, y son éstos los mejores de los niños y muchachos, por ser los más viriles por naturaleza. Hay quienes, en cambio, afirman que son unos desvergonzados, pero se equivocan, pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y virilidad, porque desean abrazarse a lo que es semejante a ellos. Y una clarísima prueba de ello es que, cuando llegan a su completo desarrollo, los de tal naturaleza son los únicos que resultan viriles en los asuntos políticos. Y cuando se hacen hombres, aman a los muchachos y no se preocupan del matrimonio ni de la procreación de hijos por inclinación natural, sino obligados por la ley, pues les basta pasarse la vida unos con otros sin casarse. En consecuencia, la persona de tal naturaleza sin duda se hace amante de los muchachos y amigo de su amante, ya que siempre siente predilección por lo que le es connatural. Así pues, cuando se tropiezan con aquella verdadera mitad de sí mismos, tanto el amante de los muchachos como cualquier otro, entonces sienten un maravilloso impacto de amistad, de afinidad y de amor, de manera que no están dispuestos, por así decirlo, a separarse unos de otros ni siquiera un instante. Y los que pasan la vida entera en mutua compañía son éstos, que ni siquiera sabrían decir lo que quieren obtener unos de otros. Nadie, en efecto, podría creer que lo que pretenden es la unión en los placeres sexuales, y que es ése precisamente el motivo por el que el uno se complace en la compañía del otro con tan gran empeño. Al contrario, el alma de cada uno es evidente que desea otra cosa que no puede decir con palabras, sino que adivina lo que desea y lo expresa enigmáticamente. Y si cuando están acostados juntos se les presentara Hefesto con sus instrumentos y les preguntara: "¿Qué es lo que deseais, hombres, obtener el uno del otro?"; y si, al no saber ellos qué contestar, les volviera a preguntar:«¿Acaso lo que anheláis es estar juntos lo más posible el uno del otro, de suerte que ni de noche ni de día os faltéis el uno al otro? Porque si es eso lo que anheláis, estoy dispuesto a fundiros y a unir vuestras naturalezas en una misma, de forma que siendo dos lleguéis a ser uno solo y, mientras viváis, como si fuerais uno solo, viváis los dos en común, y, cuando hayáis muerto, allí también, en el Hades, en lugar de dos seáis uno, muertos ambos en común. "¡Ea! mirad si es esto lo que anheláis y si os dais por satisfechos con conseguirlo". Al oír esto, sabemos que ni siquiera uno solo se negaría ni dejaría ver que desea otra cosa, sino que sencillamente creería haber escuchado lo que anhelaba desde hacía tiempo, es decir, unirse y fundirse con el amado y llegar a ser uno solo de dos que eran. Pues la causa de esto es que nuestra antigua naturaleza era ésa que se ha dicho y éramos un todo; en consecuencia, el anhelo y la persecución de ese todo recibe el nombre de amor. Antes, como digo, éramos un sólo ser, pero ahora, por la falta cometida, hemos quedado separados por la divinidad, como los arcadios por los lacedemonios. Existe, pues, el temor de que, si no somos ordenados en nuestras relaciones con los dioses, seamos de nuevo divididos y vayamos de acá para allá a la manera de los que están esculpidos de perfil en las estelas, aserrados en dos por las narices, convertidos en medias tabas . Por eso todo hombre debe exhortar a los demás a mostrarse piadosos en todo con los dioses, a fin de que evitemos unas cosas y consigamos otras, teniendo a Eros como guía y caudillo nuestro. Que nadie obre contra él -pues obra contra él cualquiera que se enemiste con los dioses -, porque si nos hacemos amigos y nos reconciliamos con el dios, descubriremos y nos encontraremos con nuestros amados correspondientes, cosa que ahora logran sólo unos pocos. Y que no me interrumpa Erixímaco y se burle de mi discurso, pensando que me refiero a Pausanias y Agatón - pues tal vez dé la casualidad de que ellos sean de ésos y ambos varones por naturaleza - sino que, claro está, yo me estoy refiriendo a todos, hombres y mujeres, cuando digo que nuestra raza sólo podría llegar a ser feliz si lleváramos a su culminación el amor y cada uno encontrara a su propio amado, retornando a su antigua naturaleza. Y si esto es lo mejor, forzosamente, en las circunstancias actuales, lo mejor ha de ser lo que esté más cerca de ese ideal, esto es, encontrar un amado cuya naturaleza corresponda a nuestra índole. Por consiguiente, si queremos celebrar al dios causante de esto, con justicia celebraríamos a Eros, que en el presente es nuestra mayor ayuda, conduciéndonos hacia lo que nos es afín, y para el futuro nos proporciona las mayores esperanzas de que, si mostramos piedad para con los dioses, nos restablecerá en nuestra antigua naturaleza y nos curará, hasta hacernos dichosos y felices. Este es, Erixímaco -concluyó Aristófanes-, mi discurso acerca de Eros, diferente del tuyo.



Platón,
El Banquete,
Discurso de Aristófanes
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

About Me

cronicasdediaslluviosos
Ver todo mi perfil

Escondites Lejanos

Escondites Lejanos

Seguidores

Con la tecnología de Blogger.