12/07/2011

PostHeaderIcon Génesis Del Mundo Y Aparición De Los Primeros Dioses


La mitología japonesa es bastante prolija y abundante, pero la cosmogonía es alucinante. El libro más antiguo conocido sobre mitología, leyendas e historia del Japón es el Kojiki, que literalmente significa "Crónica de Asuntos Antiguos", "Libro de los Hechos de la Antigüedad" o "Anales de Hechos Arcaicos" y su repertorio data del año 712; incluso algunas fuentes retrasan el origen del Kojiki hasta el 660, con la creación de la línea imperial japonesa.



El japonés no era un idioma escrito, por lo que el escriba (encargado por la Emperatriz Genmei) que tenía la difícil tarea de recopilar tradiciones ancestrales, tuvo que utilizar caracteres chinos como punto de partida para crear un alfabeto propio. Por ello, el Kojiki está escrito en una extraña mezcla de chino fonético e ideográfico.



Así pues, aquí os dejo con la cosmogonía, sacada directamente del Kojiki:
 Cita: ................................................. ............................................................


  Orígenes del cielo y de la tierra

En lo más profundo de los tiempos, el Cielo y la Tierra estaban mezclados, como si los hubieran batido los siglos en una materia espesa e informe. Repentinamente, el silencio de aquella masa se rompió con sonidos extraños, cuyo origen era el movimiento de las partículas. Pronto, la luz y las partículas más ligeras se elevaron; pero no todas estas eran tan rápidas como las de la luz, y no pudieron seguirla en su ascensión. De este modo, la luz se acumuló en la parte superior del Universo, y por debajo de ella, las partículas formaron, primero, las nubes, y luego, un Paraíso llamado Takamagahara [Llanura de los Cielos Altos]. Abajo, muy abajo, las partículas y átomos más pesados permanecían en una masa enorme, informe y oscura que fue llamada Tierra..

En aquellos tiempos en el Cielo y la Tierra tuvieron su origen, las divinidades se formaron en Takamagahara. Sus nombres eran: Ame-no-mi-naka-nushi-no-kami [Señor del Augusto Centro del Cielo], Taka-mi-musuhi-no-kami [Augustísimo engendrador o Divinidad de la Augusta Energía Vital] y Kami-musuhi-no-kami [Divino engendrador o Divinidad de la Divina Energía Vital]. Estas tres deidades, todas ellas formadas espontáneamente, se ocultaron. A continuación, cuando el mundo, joven y parecido al aceite flotante, se movía como una medusa, de algo que surgió parecido a un brote de caña, nacieron en el cielo dos divinidades cuyos nombres eran: Umashi-ashi-kabi-hikoji-no-kami [Antiguo príncipe encantador brote de caña] y Ame-no-toko-tachi-no-kami [El que permanece eternamente en el cielo].

Estas dos divinidades, todavía formadas espontáneamente, también se ocultaron. Las divinidades mencionadas constituyen las cinco “Deidades Celestiales Independientes” primordiales.



Las siete generaciones divinas

Los nombres de las divinidades que se formaron a continuación fueron: Kuni-no-toko-tachi-no-kami [El que permanece eternamente sobre la tierra] y Toyo-kumo-un-no-kami [Señor íntegro]. Estas dos divinidades, también formadas espontáneamente, se ocultaron.

Los nombres de las divididades que se formaron a continuación fueron: el dios *U-hiji-ni [Señor del limo de la tierra], luego su joven hermana [=esposa], la diosa Su-hiji-ni [Señora del limo de la tierra]; luego el dios Tsunu-guhi [El que integra los orígenes], luego su joven hermana, la diosa Iku-guhi [La que integra la vida]; luego el dios Ô-to-no-ji [El antepasado de la gran región], luego su joven hermana, la diosa Ô-to-no-be [La antepasada de la gran región]; luego el dios Omo-daru [El perfectamente hermoso], luego su joven hermana, la diosa Aya-kashiko-ne [La venerable]; luego el dios Izanagi-no-mikoto [Varón Augusto o Primer Hombre] y luego su joven hermana, la diosa Izanami-no-mikoto [Mujer Augusta o Primera Mujer].

Las divinidades antes mencionadas, desde el dios Kuni-no-koto-tachi hasta la diosa Izanami, son llamadas en su conjunto las “Siete Generaciones Divinas”.



La creación del archipiélago y la pareja primordial

Entonces los dioses se reunieron y deliberaron largamente sobre la Tierra, que continuaba siendo una mezcla de materias, aguas y tierras, informe y blanda. Decidieron enviar a una pareja de ellos a organizar la Tierra y eligieron a los más jóvenes. Así, las divinidades celestes dirigieron un augusto mandato a las dos divinidades Izanagi e Izanami: “Arreglad, consolidad esta tierra en movimiento”. Mandándoles así, les confirieron la orden y les entregaron la lanza celestial Ama-no-Nuboko, que estaba cubierta de piedras preciosas. Entonces las dos divinidades, estando sobre el Puente Flotante del Cielo [= ¿el arco iris?], dejaron caer lentamente la lanza de gemas y agitándola, resonó el agua salada koworo-koworo. Cuando hubieron retirado y levantado la lanza, el agua salada que caía de su extremo se acumuló y se convirtió en una isla. Esta fue la isla de Onogoro [Espontáneamente Coagulada].

Descendiendo luego del cielo y situándose en esta isla, en un abrir y cerrar de ojos levantaron un augusto altar, llamado Yashidono, una augusta columna celeste, llamada Ama-no-mi-hashira [Sagrado Pilar del Cielo], y edificaron alrededor una augusta sala de ocho brazas

Entonces Izanagi preguntó a su augusta compañera Izanami “¿De qué modo ha sido formado tu cuerpo?” Ella respondió: “Mi cuerpo está completamente formado, pero hay una parte que no ha crecido y está cerrada”. Entonces Izanagi dijo: “También mi cuerpo está totalmente formado, pero tengo una parte que ha crecido excesivamente. Así, si metemos allí la parte de mi cuerpo que ha crecido excesivamente, procrearemos las tierras. ¿Qué solución mejor que procrear?”. Izanami respondió: “Ciertamente estará bien hecho”. Entonces Izanagi repuso: “Tú y yo giraremos alrededor de esta augusta columna celeste, y cuando nos hayamos encontrado yaceremos juntos”.

Así hablaron y se pusieron de acuerdo. El dijo “Tú para encontrarme girarás a la derecha; yo para encontrarte giraré a la izquierda”. Cuando dieron la vuelta tal como habían convenido, Izanami fue la primera en hablar y exclamó: “¡Oh, en verdad eres un joven hermoso y amable!” Luego Izanagi: “¡Oh, qué joven más hermosa y amable”. Cuando así hubieron hablado, él le dijo a su compañera: “No está bien que sea la mujer quien hable primero”.

No obstante, finalmente se unieron en el lecho y engendraron un hijo, Hiru-ko [Niño Sanguijuela]. Lo depositaron sobre una lancha de juncos y la corriente lo arrastró. Después engendraron a Awa-Shima [Isla de Espuma], pero éste tampoco entra en la relación de los hijos.

En aquel momento, las dos divinidades tuvieron una consulta: “Los hijos que hasta ahora hemos engendrado no son buenos. Por lo cual debemos comunicarlo a la augusta morada de las divinidades celestes”. Entonces subieron y preguntaron a las augustas divinidades qué mandaban que se hiciese. Las divinidades [recurriendo a la Gran Adivinación] se pronunciaron con gran acierto y dijeron: “La mujer es la que ha hablado primero, y por eso no han ido bien las cosas”.

Entonces ellos partieron de nuevo y giraron otra vez como antes, alrededor de la augusta columna celeste. Esta vez fue Izanagi el primero en hablar: “¡Oh, qué joven más hermosa y amable!”. La segunda en hablar fue la augusta esposa Izanami, que exclamó: “Oh, en verdad eres un joven hermoso y amable”. Cuando terminaron de hablar, tuvo lugar la augusta unión y engendraron un hijo, la isla de Awaji [Camino de Espuma].

De la misma forma engendraron a las demás islas del archipiélago, a las que fueron poniendo nombre según iban naciendo: Honshí», Shikoku, Kyí»shí», las islas gemelas de Oki y Sado, y, finalmente, Iki. Luego engendraron a una serie de dioses y diosas, entre ellos los del viento, las montañas y los árboles.



Muerte de Izanami y odisea de Izanagi en los Infiernos

Por desgracia, Kagutsuchi [Dios del Fuego, también conocido como Homusubi] , último hijo de Izanami, al nacer, causa a su madre terribles quemaduras en los genitales, de tal manera que enferma y muere tras unas fiebres terribles. Sin embargo, Izanami siguió engendrando deidades en plena agonía, en las heces, la orina y los vómitos; la última de estas divinidades fue Mizuhame-no-mikoto, cuyo nacimiento marca la aparición del dolor y la muerte en el mundo.. Izanagi, desesperado, se arrastra gimiendo alrededor del cadáver y de sus lágrimas nacen otros dioses, entre ellos la diosa del Arroyo Afligido. Luego da sepultura a su esposa en el monte Hiba, en los confines de la tierra de Izumo

Inmediatamente, la tristeza de Inazagi se convierte en cólera, y mata al Dios del Fuego, despedazándolo, por ser el culpable de la muerte de su amada esposa. La sangre y los miembros del matricida se transforman también en nuevas divinidades, que simbolizan a diversas montañas. Finalmente, Izanagi desciende al País de las Tinieblas, en busca de su Izanagi.

Izanagi, deseando ver a su joven hermana, la augusta Izanami, la siguió a Yomi-tsu-kuni [País de las Tinieblas], y cuando ésta, tras abrir la puerta del palacio, salió para encontrarse con él, el augusto Izanami le habló, diciendo: “Oh, mi augusta joven y encantadora hermana, los países que tú y yo creamos aún no han sido terminados, ¡es preciso que vuelvas!”. Entonces la augusta Izanami respondió: “Lástima que no hayas venido antes, pues ya he comido en el interior del País de las Tinieblas! Sin embargo, oh, mi augusto y encantador hermano mayor, conmovida por el honor que mas conferido viniendo, yo también quisiera regresar y voy a consultarlo con las divinidades del País de las Tinieblas. ¡De ningún modo debes mirarme!”. Y diciendo esto, entró en el palacio. Pero he aquí que pasaba el tiempo y su hermana no salía y él no pudo esperar más. A Izanagi le consumía un deseo tan ardiente de ver a su amada esposa, que rompió uno de las púas de la peineta que llevaba en el augusto moño izquierdo de su cabellera, y le prendió fuego a modo de única luz. Entró en la tierra de los muertos y vio que Izanagi era un cadáver putrefacto, cubierto por un hormiguero de gusanos. En su cabeza se encontraba el Gran Trueno, en su seno el Trueno de Fuego, en su vientre el Trueno Negro, debajo el Trueno Cortante, en su mano izquierda el Joven Trueno, en su mano derecha el Trueno de la Tierra, en su pie izquierdo el Trueno Rugiente y en su pie derecho el Trueno Durmiente. En total se habían formado y se hallaban allí ocho categorías de dioses del trueno.

Entonces, cuando el augusto Izanagi, aterrorizado por esta visión, retrocedía huyendo, su joven hermana, la augusta Izanami, exclamó: “Me has cubierto de vergüenza”, y, diciendo esto, lanzó inmediatamente en su persecución a las horrendas mujeres del País de las Tinieblas. De modo que el augusto Izanagi, tomando la negra guirnalda de la flor de kazura de su cabeza, la tiró al suelo e inmediatamente ésta se convirtió en un racimo de uvas silvestres. Mientras ellas los arrancaban y se los comían, él huyó; pero en vista de que seguían persiguiéndole, tomó y rompió la peineta del moño derecho de su caballera, la tiró al suelo, y esta se transformó inmediatamente en brotes de bambú. Mientras ellas los arrancaban y se los comían, continuó huyendo. Acto seguido, la diosa lanzó en su persecución a las ocho categorías de dioses del trueno, con mil quinientos guerreros del País de las Tinieblas. Sin embargo, esgrimiendo el sable de diez palmos de longitud que ceñía augustamente y blandiéndolo tras él, continuó huyendo. Como seguían persiguiéndole, cuando llegó a Yomi-no-horakaza [Pendiente que desciende -desde la tierra de los vivos- al País de las Tinieblas], tomó tres melocotones de un árbol que había madurado en aquel lugar, se detuvo y les golpeó con ellos, y todos huyeron. Entonces, el augusto Izanagi dijo solemnemente a los melocotones: “Del mismo modo que me habéis socorrido a mí, socorred a todas las personas visibles de este País Central de la Llanura de Juncos cuando estén cansadas y se hallen en dificultades”. Y habiendo pronunciado estas palabras, les otorgó el nombre de “augusto gran fruto divino”.

Finalmente, y en último lugar, su joven hermana, la augusta Izanami, se lanzó personalmente en su persecución. Entonces él levantó una roca, que mil hombres no habrían podido transportar, para bloquear la Pendiente que desciende al País de las Tinieblas y la colocó entre ellos. Mientras se encontraban uno frente al otro intercambiando sus adioses, la augusta Izanami habló: “¡Oh, mi augusto y encantador hermano mayor, si te comportas de este modo, estrangularé y haré morir en un solo día a un millar de hombres de tu tierra!”. Entonces el augusto Izanagi pronunció las siguientes palabras: “¡Oh, mi augusta y encantadora hermana menor, si haces eso, levantaré en un solo día, ciertamente, mil quinientas casas de alumbramiento. Así en un solo día, ciertamente, mil hombres morirán y en un solo día, ciertamente, mil quinientos hombres nacerán”.

Por esta razón, la augusta Izanami es llamada la Gran Divinidad del País de las Tinieblas (recordemos a Perséfone). Y como ella persiguió y alcanzó, dicen que también se la llama la Gran divinidad que llega a la ruta. Y la roca con la cual el dios bloqueó la Pendiente del País de las Tinieblas es llamada la Gran divinidad que hace desandar lo andado y también la llaman la Gran divinidad que bloquea la Puerta del País de las Tinieblas. Y lo que llamaban la Pendiente del País de las Tinieblas, ahora se llama la Pendiente de Ifuya, en el país de Izumo.



Purificación de Izanagi y nacimiento de la última generación

Tras escapar de los horrores de la región subterránea, Izanagi tiene prisa por deshacerse de las impurezas con las que se ha contaminado y decide limpiarse de una forma típicamente japonesa: con un baño. Al llegar a un arroyo de Hyuga, al noroeste de Kyí»shí», llamado Tachibana-no-Odo, se desnuda y se baña en sus aguas. De su bastón, de las diversas piezas de su traje y de sus brazaletes, nacen doce divinidades, a medida que va tirándolos al suelo; luego, otras catorce, de las diversas fases de su baño. Por último, dio a luz a las tres divinidades más importantes del shintoismo: la diosa del sol, Amaterasu-no-mikoto [Augusta Persona que Hace Brillar el Cielo] apareció cuando se lavó el ojo izquierdo; Tsuki-yomi-no-mikoto [Augusto Dios de la Luna] apareció de su ojo derecho, y Take-Haya-Susano-wo-no-mikoto [El Augusto Varón Colérico, Rápido y Bravo] apareció de su nariz. A estas tres divinidades, la diosa del sol, el dios de la luna y el dios del océano, que pronto se convertirá en el dios de la tempestad, Izanagi concederá la investidura del gobierno del universo.


Recopilado por Rafael Abad de los Santos
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